Como lobos en la plaza


En un departamento chiquito de Belgrano vive Luismi, el perro salchicha. Su hogar tiene muy pocos espacios, pero todos son aprovechados para dormir siestas. Por la mañana sobre el sillón hasta la hora en que empieza a darle fuerte el sol. Le da calor y pasa al piso de madera justo debajo del escritorio de la humana. A la hora de hacer la cena se extiende como alfombrita canina sobre las baldosas fresquitas de la cocina a los pies de la mesada.

Algunas veces sale del departamento. No le divierte la situación de la correa pero se la aguanta hasta llegar a la plaza. Al ingresar por el portón se puede sentir otro aire y una atmósfera  verde inunda la vista, es un espacio enorme y ocupa la manzana entera. Acá Luismi puede hacer pozos en la tierra, escarbar raíces y encontrar botellas, palitos y todo tipo de elementos enterrados. Puede correr detrás de pelotas, detrás de otros perros, detrás de los juguetes de otros perros, detrás de personas que corren y cada tanto robar un sanguchito de miga. La plaza es libertad y cuando Luismi entra, la manzana se expande para convertirse en un universo verde.

Luismi siempre juega en un sector en el que casi no hay humanos. Allí se encuentra con Canuto, Lancha, Bruce y Pancha. Sus amigos perros. Canuto es un galgo gordo con un pelaje marrón y rayas negras, parece un tigre de patas largas. Bruce es un perro salchicha idéntico a Luismi, todo negro pero un poco más obediente. Luismi lo ama. Lancha es un tipo canchero entre los suyos, pero no le gusta interactuar con humanos. Tiene un collar verde que le queda precioso. Y por último Pancha que es super estoica de carácter y tiene una nariz con forma de botón. En general está acostada al lado de su felpudo juguete.

Un día se acerca Canuto a la banda canina con un plan para un experimento. Propone pasar una noche en la plaza como perros salvajes para conectarse con sus raíces. Como los lobos, explica, que duermen en cuevas y aúllan a la luz de la luna. Para sobrevivir podrían cazar algún pájaro o ratón y tomar agua de los charcos al borde de las regadoras de piso. A la hora de dormir cada cual podría elegir si prefería la suave hierba del pasto o un mullido arbusto.

Este plan deja a todos en un estado de éxtasis efervescente que los perros expresan así: Luismi empieza a correr en círculos a los saltos y ladridos. Se suman de a uno los demás. Bruce que corre ladeando la cadera para un lado, Canuto sin soltar la pelota que lleva en la boca y finalmente Lancha que es el más rápido de todos. Hacen como quince rondas de felicidad, ladridos, saltos y piques. Pancha por supuesto no corre, le hace honor a su nombre y participa del festejo tirada en el medio de la ronda.

Se escucha como se acerca una moto. Es un muchacho cansado que avisa a los gritos que salgan, que va a cerrar la plaza. La humana hace un silbido que Luismi reconoce, porque es la señal de que le van a dar una galletita de perros. Se acerca, se sienta, recibe su premio y sin poder escapar ya está atado a la cruel soga de los obedientes.

La humana va a salir de la plaza, Luismi se resiste, arrastra y tironea de la correa. Canuto que va al lado lo mira de reojo y le susurra: “Tranquilo Luismi, mañana misma hora, mismo lugar. Tengo un plan.”

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